Gabriela Rodríguez sin perfil para el puesto. Más de 1500 exigimos su destitución.

Una joven violada en Azcapotzalco por cuatro policías capitalinos y revictimizada en la Fiscalía; una anciana violada y golpeada en su propia casa en Iztapalapa para luego morir (feminicidio); una paciente terminal violada en la clínica 120 del IMSS por un médico, quien la amenaza con negarle la hemodiálisis si lo denuncia; una joven de 27 años violada por dos agentes de la SSP capitalina en un hotel de la colonia Tabacalera; una adolescente drogada y violada en las instalaciones de la UNAM, donde estudia la preparatoria y luego revictimizada por las autoridades de la institución; una joven de 16 años violada en los baños del Museo Archivo de la Fotografía por un policía bancario; una defensora de derechos humanos desaparecida en la Magdalena Contreras y su cadáver hallado con signos de tortura y violación. Todo esto en la CdMx y aparece en las noticias de las últimas dos semanas.

Hoy sale una nota que dice que un juez acaba de liberar al médico acusado de violar a su paciente a pesar del peritaje que presentó la Procuraduría capitalina y que es prueba de la violación. En esta semana también supimos que desde la PGJ-CdMx se filtraron datos de la joven atacada en Azacapotzalco lo que generó que la víctima no continuara con el proceso de denuncia. Aunque en otra entidad, también se divulgó que cinco años de prisión y una multa de 70 pesos es la sentencia dada a uno de los cuatro Porkys acusados de violar a una menor de edad en 2015 en Veracruz.

La impunidad prevalece en la mayor parte de los casos y ayer una funcionaria pública tiene el cinismo de decir que aquí en la ciudad sí nos cuidan y que no nos violan, y que cuando llega a suceder, se responde con eficacia. Para colmo anuncian que es Marta Lamas quien capacitará a la policía en “perspectiva de género”. La misma que hace apología del acoso sexual y no se cansa de lisonjear a quienes no han sabido responder ante la violencia y misoginia que vivimos las mujeres en esta ciudad y en este país”, escribió hace unos días en su muro Rocío Fernández, usuaria consciente e informada de Facebook.

“Exageradas”, nos dicen autoridades como Gabriela Rodríguez, Directora, ¡oh ironía!, de la Secretaría de la Mujer de la Ciudad de México, pero ésta es la realidad en la que (sobre)vivimos -o no- todos los días niñas y mujeres en México: amenazadas en nuestro propio país a todas horas, en todos los espacios (Ubers, instituciones de salud pública, Ministerios Públicos, patrullas de policía, transporte público, universidades públicas y privadas…): nuevas atrocidades cada día, a cada minuto, muchas de ellas perpetradas por policías y militares: entre 9 y 12 mujeres y niñas asesinadas todos los días por ser mujeres. Esto lleva muchos, muchos años sucediendo, y un enorme sector de mujeres estamos hartas del actuar cómplice que las autoridades han adoptado históricamente frente a estos crímenes de lesa humanidad. El caso de Claudia Sheinbaum, primera Jefa de Gobierno de la CDMX, no ha sido distinto: la línea sigue siendo revictimización a las víctimas y encubrimiento a los agresores.

En consonancia con el actuar de Sheinbaum, hace unos días Gabriela Rodríguez  hizo la siguiente declaración, en respuesta a la violencia de la que somos víctimas cotidianamente niñas y mujeres en México:

Las mujeres tenemos que quitarnos el papel de víctimas y debemos exigir respeto. Ahora somos nosotras quienes vamos a exigir respeto; nosotras no somos víctimas y no vamos a permitir que nos falten al respeto, que nos agredan, que nos golpeen, que nos violen, que nos secuestren (que nos asesinen, le faltó decir). Necesitamos tener herramientas para pararlos. En las siguientes generaciones hay que dejar de naturalizar la violencia“.

Esta declaración (que delata una evidente falta de familiaridad, consciencia y sensibilidad con respecto al tema)  hizo que se recordara en redes otro comentario misógino que hizo la servidora pública en marzo pasado durante un coloquio en la Facultad de Filosofía y Letras, donde llamó “feminazis” a las mujeres que piden a hombres que abandonen los vagones exclusivos para mujeres (cosa que debiera estar haciendo ella).

Frente a la indignación que se desató en redes, incluyendo la petición que exige su destitución, la Secretaria se limitó a ofrecer una “disculpa” por “recurrir” al “término”:

Esto en consonancia con la declaración de la Jefa de Gobierno, quien aclaró que no considera estas conductas como motivo para destituir a Gabriela, intentando ella misma justificar el uso del término “feminazi”, que ha contribuido a agravar los ánimos de odio y violencia en contra de las feministas en todo el país.

Ambas aludieron, estratégicamente, al término en lo particular, quizás para evadir la gravedad del asunto, por todo lo que evidencian en conjunto las declaraciones de la servidora pública. Y es que aquí el asunto es de fondo, más que de forma aunque, desde luego, también lo sea.

¿Concebimos, por ejemplo, a una encargada de la CONAPRED refiriéndose a una mujer homosexual como “machorra”? No, desde luego que no, porque ése es uno de los términos que se utilizan para incitar a la violencia contra las mujeres homosexuales, tal como “feminazi” es uno de los términos que se utilizan a diario para ejercer violencia contra las feministas.

Entonces, lo que trasluce detrás de las declaraciones de Gabriela no es el uso “sarcástico” de un término: es una ideología, que, lejos de buscar erradicar la violencia contra las mujeres, la promueve.

¿Qué disculpa cabría si la Comisionada para los Derechos de los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas se refiriera a los pueblos originarios como “estos indios”? Ninguna: Sería removida inmediatamente de su cargo.

¿Concebimos a una encargada de CONAPRED diciendo que las personas trans deben dejar de asumir el papel de víctimas por estar siendo asesinadas? ¿La concebimos diciendo que el gobierno “les fortalecerá para que sean ellas mismas quienes se defiendan de los agresores”?

No me parece. Muy por el contrario, creo que declaraciones así indicarían, por decir lo menos, que lo que hay de fondo es una persona contraindicada para el puesto…una persona cuya visión contribuye con el problema, en lugar de solucionarlo.

¿Pues quién es Gabriela Rodríguez, y cuáles son las razones por las que ocupa ese puesto?

Por principio, de Gabriela no necesitamos las credenciales, pues bien dicen que “el doctorado no quita lo tarado” y, en este caso, no hay más credenciales que sus conductas machistas (si eso dice en público, ¿qué dirá en privado! (me acordé de Sergio Goyri)). Sin embargo no deja de ser vital señalar que el curriculum que nos ofrece el Gobierno de la Ciudad de México para justificar la presencia de esta funcionaria en el puesto no responde a las necesidades del mismo: en él no aparece una sola referencia a los temas de género o -en caso  de existir alguna- no vieron la necesidad de incluirla. Esto habla de Claudia Sheinbaum (¿pondría a una especialista en educación física como Secretaria de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades?), de su estilo de gobierno, y de que, quizás, su indiferencia es particularmente grave en el tema de las mujeres: quizás a las mujeres no hay que explicarles nada.

Lo único que sí sabemos es que Gabriela es hermana de Jesusa Rodríguez, Diputada de MORENA.

Quizás por ahí vaya la cuestión, como ha sucedido en otros casos: nepotismo, al más rancio estilo del PAN, PRI y PRD.

Foto:Cuartoscuro

Lo cierto es que a las mujeres en México nos están asesinando, y que esta servidora pública no sólo carece de la preparación, la sensibilidad y la experiencia necesarias para ocupar tan importante puesto, sino que, además, su perspectiva es contraria a aquella contra la que ha luchado históricamente el feminismo: es una perspectiva machista. Lo que está haciendo Gabriela Rodríguez es azuzar la violencia que se ejerce cotidianamente contra nosotras. En otras palabras, tenemos al enemigo (y aquí vale usar el genérico masculino) en casa.

 

 

 

 

 

Por eso estamos exigiendo a Claudia Sheinbaum la destitución de esta “servidora pública”. Por eso no descansaremos hasta que la violencia machista sea erradicada de las instituciones de gobierno. Hasta que la dignidad se haga justicia. Hasta que la justicia se siente entre nosotras. Pásele a firmar.

 

 

 

Imagen de portada: Cuartoscuro